ENAMORAMIENTO
EL
ENAMORAMIENTO O FUSIÓN (DE 1 A LOS 18 MESES).
La
pareja quiere estar todo el tiempo
juntos; se sienten unidos el uno con el otro. La pareja tiene la sensación de afecto mutuo y de
reciprocidad. Además, se vive especialmente el deseo y la pasión, con o sin actividad sexual, pero con una intensa fantasía.
RELACIÓN Y
VINCULACIÓN (18 MESES A 3 AÑOS).
Los
integrantes de la pareja se muestran afectivos el uno con el otro, pero
también empiezan a mostrar su autonomía. La pareja diferencia el “yo-tú” del
“nosotros” y se empieza a mostrar más manejable. La relación ya no es tan pasional, sino más compañera.
Se puede pasar de crear un vínculo
amoroso a vivir juntos o proponerse crear un hogar.
CONVIVENCIA (2º Y 3° AÑO).
El nivel sexual baja, se manifiesta el
amor con más compañerismo. Aquí el amor
se alimenta con el compañerismo y el apego amoroso. Pueden surgir los problemas
por la familiaridad y la rutina y esto puede crear molestias, irritación y
enfados.
AUTOAFIRMACIÓN
(3° AL 4º AÑO).
Es
el momento de sentirse lo suficientemente seguro para hacer actividades por
separado. Hasta aquí la pareja se fijó
en las cosas que tenían en común; ahora se empiezan a fijar en las diferencias,
pero se tienen que sentir lo suficientemente cómodos para poder hacer
actividades independientes.
COLABORACIÓN (5º AL 15º AÑO).
Si la pareja ya se unió para hacer
proyectos juntos, como los hijos, y éstos ya empezaron a ser independientes
puede ser un momento de mucha fricción. Esto puede ser debido a que los hijos
adolescentes causan tensiones o a que cada uno quiere tener un proyecto propio
y la pareja se resiente.
ADAPTACIÓN (15º AL 25º AÑO).
En esta etapa las parejas deben adaptarse
a los cambios externos: hijos, “achaques”, familiares en la vejez. Con la
madurez y la conciencia de cómo pasa la vida hay algunas personas que tienen
miedo de perder sus últimas oportunidades y, si coincide con la crisis de la
mediana edad o la siguiente, puede ser un momento en que la pareja o bien se
rompe, o se consolida en las nuevas rutinas sin hijos.
AMOR
Supone
atravesar la fase de enamoramiento, y dejar de ver a tu pareja con lentes color
de rosa. Conocerle tal y como
es, y no como a ti te gustaría que fuera. Permitirle que se muestre sin
necesidad de ponerse disfraces. Saber estar a su lado cuando te está mostrando
su propia vulnerabilidad o sus demonios.
El
amor aporta color; lo gris, de repente, se transforma en un arcoíris explotando
en mil y un colores y la monotonía y el aburrimiento se convierten en
psicodelia. El amor cambia por completo
la atmosfera de tu ser interior. Y a
través de ese cambio, toda la existencia es cambiada. Exteriormente no cambia nada, pero una vez te
encuentras lleno de amor tienes ante ti una existencia totalmente distinta[1].
Es
muy importante que antes aprendas a conocerte y quererte a ti misma,
independientemente de que tengas pareja o no. Más aún si la tienes, ya que
evitará que cargues el peso de tus mochilas sobre sus espaldas.
El amor tienen tres componentes principales: intimidad,
pasión y compromiso.
La
intimidad es ese sentimiento de conexión, unión y cercanía emocional con
alguien, es lo que te hace confiar plenamente en una persona y contarle
cualquier cosa acerca de ti y de tu vida y dejar que te vea tal y como eres.
La
pasión se refiere al deseo sexual y atracción física que sienten el uno por el
otro.
El
compromiso hace referencia al deseo de amar a esa persona a través del tiempo y
permanecer a su lado. Es lo que lleva a dos personas a casarse o vivir juntas.
Estos tres componentes no siempre se dan
juntos. Al principio de una relación, cuando las dos personas todavía no se
conocen, es probable que no exista más que un componente: la pasión. Ambos
pueden sentirse tremendamente enamorados, pero aún no ha habido tiempo para que
se desarrolle una verdadera intimidad ni se conocen lo suficiente como para
saber si desean establecer un compromiso. Aunque este amor apasionado puede ser
muy intenso, no es el que mejor predice el futuro de la relación. Por ejemplo,
una pareja que decide casarse demasiado pronto, en base solo a una intensa
pasión, puede acabar en desastre cuando la pasión se debilita.
Sin
embargo, conforme pasa el tiempo, puede ir desarrollándose uno de los
componentes más importantes del amor: la intimidad. Este sentimiento de
intimidad surge más lentamente, conforme se van conociendo y van confiando cada
vez más el uno en el otro. De este modo surge una mezcla de intimidad y pasión
que recibe el nombre de amor romántico.
La
siguiente fase suele llamarse amor consumado y se produce cuando aparece
también el tercer componente del amor: el compromiso, que empuja a ambos
miembros de la pareja a permanecer unidos a lo largo del tiempo, a planear un
futuro juntos, a considerarse una familia y desear compartir sus vidas.
AMOR FRATERNAL.
El amor fraternal es el amor a todos los
seres humanos; se caracteriza por su falta de exclusividad. Si he desarrollado
la capacidad de amar, no puedo dejar de amar a mis hermanos. En el amor
fraternal se realiza la experiencia de unión con todos los hombres, de
solidaridad humana, de reparación humana. El amor fraternal se basa en la
experiencia de que todos somos uno.
El amor fraternal es amor entre iguales:
pero, sin duda, aun como iguales no somos siempre «iguales»; en la medida en
que somos humanos, todos necesitamos ayuda. Hoy yo, mañana tú. Esa necesidad de
ayuda, empero, no significa que uno sea desvalido y el otro poderoso. La
desvalidez es una condición transitoria; la capacidad de pararse y caminar
sobre los propios pies es común y permanente.
AMOR MATERNO
Es una afirmación incondicional de la vida
del niño y sus necesidades. Pero debo hacer aquí una importante adición a tal
descripción. La afirmación de la vida del niño presenta dos aspectos: uno es el
cuidado y la responsabilidad absolutamente necesarios para la conservación de
la vida del niño y su crecimiento. El otro aspecto va más allá de la mera conservación.
Es la actitud que inculca en el niño el amor
a la vida, que crea en él el sentimiento: ¡es bueno estar vivo, es bueno ser
una criatura, es bueno estar sobre esta tierra!
El amor de la madre a la vida es tan
contagioso como su ansiedad. Ambas actitudes ejercen un profundo efecto sobre
la personalidad total del niño; indudablemente, es posible distinguir, entre
los niños -y los adultos- los que sólo recibieron «leche» y los que recibieron
«leche y miel».
EL AMOR ERÓTICO
El amor fraterno es amor entre hermanos; el
amor materno es amor por el desvalido. Diferentes como son entre sí, tienen en
común el hecho de que, por su misma naturaleza, no están restringidos a una sola
persona. Si amo a mi hermano, amo a todos mis hermanos; si amo a mi hijo, amo a
todos mis hijos; no, más aún, amo a todos los niños, a todos los que necesitan
mi ayuda. En contraste con ambos tipos de amor está el amor erótico: el anhelo
de fusión completa, de unión con una única otra persona. Por su propia
naturaleza, es exclusivo y no universal; es también, quizá, la forma de amor
más engañosa que existe.
El deseo sexual tiende a la fusión -y no es
en modo alguno sólo un apetito físico, el alivio de una tensión penosa-. Pero
el deseo sexual puede ser estimulado por la angustia de la soledad, por el
deseo de conquistar o de ser conquistado, por la vanidad, por el deseo de herir
y aun de destruir, tanto como por el amor. Parecería que cualquier emoción
intensa, el amor entre otras, puede estimular y fundirse con el deseo sexual.
Como la mayoría de la gente une el deseo sexual
a la idea del amor, con facilidad incurre en el error de creer que se ama cuando
se desea físicamente.
El amor erótico excluye el amor por los demás
sólo en el sentido de la fusión erótica, de un compromiso total en todos los
aspectos de la vida -pero no en el sentido de un amor fraterno profundo.
AMOR A SI MISMO
En el término «amor a sí mismo», el elemento
paradójico en amor a si mismo está mucho más claramente contenido. Se expresa el hecho de
que el amor es una actitud que es la misma hacia todos los objetos, incluyéndome
a mí mismo. Tampoco debe olvidarse que ese término, en el sentido en que se lo
usa aquí, tiene una historia.
Para él, amor a si mismo se identifica con
narcisismo, es decir, la vuelta de la libido hacia el propio ser. El narcisismo constituye la
primera etapa del desarrollo humano, y la persona que en la vida adulta regresa
a su etapa narcisista, es incapaz de amar; en los casos extremos, es insano. [2]
COMPROMISO
La palabra compromiso deriva del término
latino compromissum y se utiliza para describir a una obligación que se ha
contraído o a una palabra ya dada.
En
ocasiones, un compromiso es una promesa o una declaración de principios, como
cuando un hombre con cargo político
El
compromiso entre el hombre y la mujer, es aquella disposición voluntaria que
favorece la estabilidad del núcleo familiar y la educación de los hijos.
Todos los enamorados sueñan con amar y ser
amados, de manera total y para siempre. Pero todos sabemos también que hay una
gran diferencia entre “desear” amar y entregarse de esta forma y “prometer o
comprometerse” a tal entrega y amor.
Esto se debe al hecho de que los seres
humanos sólo podemos ser verdaderamente consientes de lo que sentimos y
pensamos cuando lo podemos expresar mediante las palabras y los gestos.
De esta manera el amor se vuelve compromiso y
el compromiso se vuelve el mejor gesto de amor que podemos ofrecerle a quien
amamos. Con él le aseguramos que no estamos jugando; que puede entregarse
confiado(a) pues aún cuando nos sintamos flaquear en nuestra capacidad de
cumplir nuestras promesas, Dios mismo saldrá en nuestro auxilio y nos ayudará a
ser fieles y coherentes con el amor prometido.
CODEPENDENCIA EN LA PAREJA
Las relaciones codependientes (apego
afectivo) son relaciones adictivas que se alejan mucho del amor. La persona
dependiente se diluye en la otra perdiendo de vista sus ideas, valores,
proyectos, y, en definitiva, su individualidad.
No debemos confundir el amor con la
dependencia afectiva. Es esto precisamente lo que ocurre en muchas relaciones
de pareja, amistad, etc. El miedo a la
pérdida, al abandono y a muchos otros aspectos hacen nacer relaciones amorosas
adictivas e, incluso me atrevería a decir, enfermizas.
En principio no hay nada de malo en amar a
una persona hasta el punto de que se haría cualquier cosa por ella mientras que
ese “hacer cualquier cosa por ella” no afecte de ninguna manera ni a la
identidad de cada uno, ni a los principios, ni a las metas ni a lo que es cada uno
esencialmente.
El apego, a diferencia del amor, se define
como la inclinación, dependencia, afición o adicción hacia algo o alguien. Por
ello, el apego (que forma relaciones codependientes) es una causa de
sufrimiento porque esclaviza a las personas impidiéndoles ver la realidad;
desde ese punto de vista, no hay apegos grandes o pequeños ya que todos son
igualmente negativos. El apego es un sentimiento de pertenencia, posesividad,
miedo e interés. Es el amor enfermo hacia la otra persona la que provoca la
pérdida del norte de la propia vida a causa de estar pendiente del otro. Cuando
sentimos apego respiramos el mismo aire de esa persona, queremos controlar lo
que hace, dice y piensa, casi quisiéramos meternos en su propia piel para
entender todo sobre la otra persona. Así, nos convertimos en un apéndice de la
otra persona, perdiendo nuestra propia valía e independencia personal.
Los codependientes son “adictos afectivos,
los cuales dependen de otros para vivir, buscan gratificación en los otros como
los adictos a la droga”. Son individuos que sienten un gran temor al abandono,
necesitan aferrarse a otros incluso cuando la compañía les cause dolor. Por
otro lado, el compañero del codependiente, estimula y propicia las conductas
adictivas porque las necesita para afirmarse a él mismo. Este tipo de conductas
las ejecutan las personas incluso sin darse cuenta, pues han sido conductas
adquiridas a lo largo de su vida. Pero llega el momento en que uno de los dos
empieza a romper este patrón, inicia el alejamiento y produce la crisis, lo que
los lleva a cuestionarse, buscar ayuda y descubrir los patrones adictivos.[3]
PSICOPATOLOGÍA EN LA ADOLESCENCIA
Los problemas de adaptación y conducta se
están convirtiendo en el grupo que mayor incremento están sufriendo en las
tasas de prevalencia de los trastornos mentales que llegan a consulta en la
etapa infanto-juvenil, sobre todo en la adolescencia. En la bibliografía y en
la práctica se constata la existencia de un grado de coincidencia a la hora de
la comprensión psicopatológica de los problemas de conducta (con gran
coherencia desde cada una de las respectivas perspectivas teóricas), y la
dificultad a la hora de intervenir con un relativo éxito en este tipo de
problemas.
- Los problemas de conducta y adaptación en
la adolescencia pueden aparecer de diversas formas fenomenológicas, pero las
más frecuentes e interesantes serían las siguientes:
·
Paso al acto: fuga, toxicomanía, intento de
suicidio, agresión, delincuencia.
·
Rasgo de expresión en otras estructuras
psicopatológicas.
·
Perversión clínica.
·
Cuadro neurótico: histeria, obsesión,
depresión (culpabilidad neurótica, fracaso y búsqueda de castigo).
·
Reacción defensiva o expresión de
desorganización frente a la entrada o "estar" psicótico.
·
Cuadro psicótico, con sus variantes y formas
de presentación (bouffé delirante,
·
esquizofrenia, manía).
·
Crisis de identidad del adolescente:
encrucijada en la organización del yo.
·
Desinvestimiento del mundo objetal
(morosidad, pasotismo, desinterés, apatía, indolencia)
En los trastornos de conducta perturbadora
incluye dos grandes grupos: los trastornos por déficit de atención y los
trastornos de conducta. En estos últimos sus características deben estar
presentes durante, al menos, seis meses y ordena la frecuencia de los ítems de
forma decreciente: robo sin enfrentamiento con la víctima; fuga del hogar al
menos en dos ocasiones; mentiras frecuentes; piromanía; fugas de la escuela de
forma frecuente; violación de la propiedad privada; destrucción deliberada de
la propiedad ajena; crueldad física con los animales; abusos sexuales; empleo
de armas; crueldad con las personas.
Las formas clínicas en las que se presenta
este tipo de trastornos son: tipo grupal ; tipo agresivo solitario; tipo
indiferenciado; y negativismo desafiante.